jueves, 4 de noviembre de 2010

Una de bandos...

Que el cine llega al alma no es algo nuevo. En toda película, sin excepción encontramos algún elemento que cambia nuestra forma de vivir o de pensar. Algunas lo hacen sutilmente, como un susurro a la conciencia.El recuerdo trae a la memoria ese cine Británico de los años 80 y 90 del siglo pasado. Pelis como La camioneta (Stephen Frears,1996), Café Irlandés, del mismo (1993), El ingles que subio una colina pero bajo una montaña (Christopher Monger,1995), Un tipo genial(Local Hero)(Bill Forsyth,1983) y un etcetera de cintas de indiscutible valor artístico y cinematográfico, aunque haya quien en ocasiones las haya tachado de edulcoradas.
Otras cintas de la misma generación provocan ese cambio en el espectador, pero en este caso de forma brutal. Los mejores ejemplos son los mas salvajes. Nadie olvida la cruda realidad de la droga y su mundo gracias a Trainspotting (Dany Boyle,1996) o Réquiem por un sueño (Darren Aronofsky,2000). O las desastrosas consecuencias del extremismo nacionalista de En el nombre del padre(Jim Sheridan,1993) o de la perturbadora Juego de Lagrimas (Neil Jordan,1992). Cine que algunos no dudarían en calificar de violento o de mal gusto.
Este recordatorio no incluye al menos otros cinco o seis títulos que serian merecedores de incluirse en esta lista.
Lo que no se puede dudar es que estas dos décadas de excelente cine (guiones originales y trabajados, factura mas que correcta y actores fuera de serie), serán bastante dificiles de repetir visto como se mueve hoy en día la industria.
Tan solo grandes superproducciones son capaces de calar en el espectador y desde luego no gracias a la tibieza de sus argumentos como en mayor medida a la espectacularidad de sus despliegues.
El cine impacta en la gente cada día menos, independientemente de que lo haga con una caricia o con una bofetada. Quizá solo quede poner la otra mejilla.

No hay comentarios: